XVII Encuentro Peralejense de Poesía

El río Tajo
El río Tajo junto a la Fuente del Palillos

XVII Encuentro Peralejense de Poesía. Peralejos de las Truchas (Guadalajara), 19 y 20 de mayo de 2018

 

Querida/o amiga/o:

     Te convoco al XVII Encuentro Peralejense de Poesía en Peralejos de las Truchas (Guadalajara), una cita para el debate y el relax que tiene como objetivo fundamental fomentar la convivencia y el intercambio de pareceres en un ambiente distendido. Las ediciones anteriores, con sus implicaciones estéticas, abordaron asuntos como el paisaje, el mito, el espacio, realidad y realismo, su declive, el influjo de las nuevas tecnologías, la conciencia artística, el yo lírico, la escisión del yo y su multiplicidad, poesía y filosofía, el amor como tópico generador… La propuesta temática para este año es: “El saber profético de los clásicos”, que será introducido por el poeta, traductor y ensayista Amador Palacios y que nos remite a la actualización sin reservas del axioma terenciano “Nada puede ya decirse que no se haya dicho antes. (Nullum est iam dictum, quod non sit dictum priusEunuchus, prol. 41—).

     El epígrafe, naturalmente, no es en absoluto restrictivo, de manera que, sobre poesía, también pueden opinar narradores, médicos, psiquiatras, sociólogos, cineastas…

      Si te animas a participar, te recuerdo que en plena Serranía de Molina de Aragón (en las estribaciones de los Montes Universales), a 180 kms. de Zaragoza (a 235 de Madrid, a 260 de Valencia, a 120 de Teruel, a 100 de Cuenca), se encuentra enclavado, junto al río, en pleno Parque Natural del Alto Tajo, Peralejos de las Truchas. El río, allí, hace frontera natural entre las provincias de Guadalajara —a la que Peralejos pertenece— y Cuenca. Es ahí donde nos reuniremos por decimoséptimo año consecutivo con el propósito de estrechar nuestra amistad primero y debatir después acerca de nuestras posturas estéticas rodeados de buen aire y regalados por un paisaje de singular hermosura.

     El compromiso es puramente personal; pero te cito con el ánimo de que estos Encuentros constituyan finalmente un punto de referencia fundamentalmente poético (y utilizo ahora el término en su sentido etimológico) con el que contar siempre para la expansión de nuestro mejor gusto. La única contribución que se solicita es la donación de un libro de poesía cada vez que acudas a los Encuentros con el fin de dotar a la biblioteca de Peralejos de un fondo bibliográfico que constituya una sección monográfica del género. El Ayuntamiento, instado y animado por esta iniciativa, ya está rehabilitando un edificio con esa finalidad.

    Para hacer las oportunas reservas, puedes llamar a los teléfonos 949 83 70 08 (Pura) o al 659 59 86 33 (Puri), indicando el día de entrada y de salida, nº de personas y tipo de alojamiento elegido (habitación o apartamento) antes del 12 de mayo. 

Os espero.

Manuel Martínez-Forega

forega@gmailcom

Teléfono: 656 86 62 19

PROGRAMA

Todas las actividades propias del Encuentro (alojamiento, manutención y sesión de debate) tendrán lugar en la Fonda Pura.

 
Día 19, sábado: 
 
  • 9:00 a 13:00 h.: recepción.
  • 14:00: comida
  • 17:15: debate.
  • 19:00: pausa.
  • 19:15: debate.
  • 21:00: clausura.
  • 22:00: cena.
 
Día 20, domingo
 
  • 8:00 a 10:00: desayuno.
  • 10:15: mañana libre. Suele organizarse, entre los participantes, alguna excursión en coche por el entorno del Parque Natural del Alto Tajo.
  • 14:00: comida y regreso a casa. 
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Íñigo Linaje: "Nunca más adiós"

El distopos es un lugar anómalo, un lugar indeseado. Contrario al eutopos (el buen lugar), su etimología le concede un sentido espacial, todavía no conceptual como sí tendrá, siendo su semántica de análoga génesis, el utopos.

No conviene distanciarse, como sucede a menudo, del significado original de algunos términos porque en su semilla significativa contienen información que nos será precisa. Ocurre así con este libro de Íñigo, y ocurre explícitamente, pues la distopía, la eutopía y la utopía confluyen en él en su sentido espacial, emocional y conceptual.

Estructurado en cinco partes, “Necrópolis”, la primera, remite, con su solo enunciado, a otro lugar, a otro topos cuyo contexto es fácilmente deducible: esta necrópolis, ciudad de los muertos, no es muy grata, por supuesto; no lo es para el poeta, habitante de un espacio distópico, por lo tanto anómalo, enfermo, en el que no se encuentra nada a gusto. Es el lugar de su treno existencial, un hábitat en el que las alegorías y metáforas van refiriéndonos la refracción del hombre que lo ocupa: “Hay muros despiadados y sensación de destierro”, nos dice. “Las montañas yacen bajo avenidas de fango y turbio semen / y los ejércitos firmes de las hormigas se alimentan de metano.” “Vivir aquí” ―prosigue― “es alimentarse hasta la muerte / de ilesas osamentas devoradas por el tiempo” […] “es hundir la boca en profundos sepulcros”.

Este poema de elevada crudeza no sólo es sintomático de la distopía vivencial, sino que constituye la antonomasia de toda la primera parte de Nunca más adiós en la que lo  antropológico adquiere más protagonismo en perjuicio del yo lírico que suele colarse por las rendijas de la psique poética. Digo que lo antropológico adquiere mayor compromiso porque la experiencia está llamada aquí a jugar un papel central: la actividad vital se antepone a cualquier filtración ontológica; es el hombre quien habla afectado por su rutina profesional, el paseante que mira de frente y de soslayo el lugar que ocupa y las gentes que con él lo cohabitan para describirnos, con atroz realismo a veces, su amargura, su desasosiego y hasta su odio expresamente confesado en el poema del mismo título (“Necrópolis”) que da nombre a esta primera parte: “ciudad de espectros, ciudad de muertos, / te odio; te odio como me odio a mí mismo” […] “Odio a tus hijos multicolores, a tus edulcorados adolescentes…” “Necrópolis, ciudad de espectros, ciudadinfierno, / te odio, te odio a muerte”.

¿Qué tiene este lugar odioso? El poeta odia incluso su alegría y se hunde hasta ahogarse en mares de whiski, de ira y de anís; inspira el humo de mil cigarrillos y se pierde en sus laberintos sin sol.  ¿Qué tiene este lugar?, vuelvo a preguntarme. Pues lo que tiene, y me respondo, no es ni más ni menos que sus vacíos: los vacíos de lo que los piadosos llaman “alma”. Sin embargo, esta revelación de la experiencia no es sino el estado natural de quien renuncia expresamente a la eutopía.

“Bucólicas y marinas” es la segunda parte, cuyos primeros versos señalan ya dónde se encuentra el poeta. No es vano señalarlo en presente (se encuentra, repito) porque es éste el lugar; digámoslo otra vez en griego: el topos, pero con su prefijo eu: esto es, ‘el buen lugar’. Dice Íñigo en sus dos primeros versos: ahora estás en el centro del mundo: / este claustro sagrado de tu infancia.” Si la referencia virgiliana es obvia ya en el epígrafe titular (“Bucólicas”), no es menos evidente la cita indirecta de Rilke, para quien la verdadera patria es la infancia. Pero ¿por qué cito su permanencia en presente? El poeta lo hace así, eso para empezar, aunque esta certeza argumental no bastaría. Conviene decir en seguida que una de las grandes preocupaciones de la poesía ha sido y sigue siendo detener o, al menos ralentizar, el tiempo; fundamentalmente, reunir en uno solo los tres estados: el presente, el pasado y el futuro. Fue preocupación de Pound, lo fue también de Eliot, lo fue de Octavio Paz; pero lo fue, sobre todo, de Henri Bergson. Citémoslo: “el presente, en su mismo surgir, se desdobla en dos chorros simétricos, uno de los cuales recae hacia el pasado, mientras el otro se precipita hacia el futuro”. A Íñigo Linaje esta segunda parte de su entrega poética le sirve precisamente para intentar reunir en su presente el idilio de la infancia pasada y el sosiego de un futuro no menos anhelante de paz, como la atestigua la última estrofa del poema titulado “Azul o sobre un poema de Alberto”: “En la visión detenida del mar / agoto sereno mis días / y, feliz o no feliz, / existo humildemente.” //

Nada se pierde en la memoria de Íñigo, pero no todo emerge a la superficie de la memoria porque su tarea es seleccionar y hacer llegar a la conciencia sólo lo que sirve para la acción y el futuro. Este apartado nos trae a un hombre tranquilo, a un poeta adherido a la fisonomía de un paraíso siempre recordado, jamás perdido. Jamás perdido, digo, porque no es la pérdida la movilización del recuerdo de Linaje; antes al contrario, constituye experiencia vívida y, antes que nada, materia de la memoria, gozo extraído del pozo recordatorio a cuya gratitud se entrega con carácter contemplativo —no descriptivo— y, por lo tanto, próximo a una mística pagana traducida a partir de los perfiles de la materia natural: el mar, los campos, el valle, la luz, el sol, la lluvia, el río, las aves, la montaña… en fin, la iconografía de un lugar donde, “ajeno a todo”, el poeta funda su hogar.

En la segunda parte el poeta está en el “claustro sagrado de su infancia”; es decir, en una especie de antiguo fanum al que sólo tenía acceso el sacerdote y en cuyo umbral debían permanecer los pro fani. Este espacio íntimo e intransferible deja paso en la tercera parte a una declaración de amor. “Poemas de amor para E. L.” es, en efecto, su postulado, un manifiesto sobre la carne y el espíritu del amor. Pero un amor también fundacional, arrebatado de sincero impresionismo y en cuya latencia vuelve el tiempo a adquirir protagonismo para advertirnos lo que ya dijimos en el apartado anterior sobre la concitación cronológica. En un solo poema Íñigo Linaje resuelve esa reunión temporal de forma sintáctica: es en el poema presente continuo“; y lo hace con este epígrafe, que es el mismo que usa Bergson en Memoria y vida: “Días felices de amor y pasión / hemos vivido. // Hoy, tú ya lejos, / no me recreo en los recuerdos; / hago presente la dicha pasada: / en el futuro.” //

Este amor ya domesticado, pero en cuya majada surge espontáneamente el arrebato, es un amor de sincera carne y es un amor fundador, cimentador de una plusvalía inmaterial que se encuentra al otro lado de la idealización y, sobre todo, de la ideación social de un concepto obcecadamente necesario para el ser humano. La sinceridad es raro patrimonio de ese impulso ideal que lo ha reducido a mero léxico en cuanto su práctica está sujeta al engaño permanente. Nadie como Proust ha avalado esta concepción escéptica y nadie como Kierkegaard se ha burlado de él; sin embargo, ninguna de estas dos posturas son del gusto de Íñigo Linaje. En el ejercicio de aquella sinceridad que citaba hace unos segundos se encuentra la rareza de estos poemas de amor. La afortunada destinataria responde a esas hermosas iniciales cuya personalidad, por supuesto, no desvelaré.

La autorreferencialidad, ese espacio estético reservado a los más osados, constituye el contexto literario de la cuarta parte de Nunca jamás adiós. El Romanticismo fue subyugado irremediablemente por el imperturbable regreso al Yo. Modernamente, quizá no haya otro poeta como Ángel Guinda que haya hecho de este motivo formal un axioma de difícil refutación. Íñigo Linaje toma ambos testigos; del primero, el yo doliente; del segundo, su desinhibición, y con ambos enmarca un trazo ontológico, trazo grueso, producto de una existencia infausta, hipérbole de ese otro apartado de la memoria al que nos referíamos cuando citábamos como una de las tareas de Linaje seleccionar de la memoria sólo lo que sirve para la acción y el futuro. Pues bien, no es el caso de los “Autorretratos” que conforman esta cuarta parte. Citábamos a Guinda; citemos ahora una de sus “huellas”: “En cada retractación, yo me retrato”, dice el poeta aragonés. Si aplicáramos la teórica de esta afirmación a la poesía autorreferencial de Íñigo Linaje significaría aceptar como inequívoca la vocación de un Yo que se busca en la memoria apresuradamente, con la misma perentoriedad con que afirma su prematura vejez y cuya “retractación” sería, precisamente, la renuncia a una felicidad velada por el escepticismo. Naturalmente, hay una buena dosis de retórica en estos “Autorretratos” y ello es debido, naturalmente, a que su abordaje es poético. Fijémonos, no obstante, en que Henri Bergson (y siempre que se habla del tiempo, de su cronopatología, es indefectible acudir a él por muy reiterativo que sea y mucho que nos pese); que Henri Bergson —decía— informa también este apartado cuyo rescate psíquico ahonda en la simbología del espejo. Dice Bergon en La evolución creadora: “escribir es mirarse en el espejo de la muerte”. Y dice Íñigo Linaje en el primer poema de “Autorretratos”: “Me he parado ante el espejo para ver lo que no hay, / lo que no existe, quizá lo que no existió nunca. / Pero dicen que nací hace tiempo, hace demasiado tiempo. / Digo esto porque creo que he envejecido prematuramente,…”

Contrariamente a lo que nos sucede en la vida real cuando nos miramos en el espejo constatando que nuestra imagen es siempre la misma, en la redacción poética se adopta una perspectiva focal: lo que en fotografía se llama “profundidad de campo”, de modo que, como atestigua nuestro poeta, somos capaces de alejarnos lo suficiente como para vernos con ojos ajenos y hacerlo con nitidez. Aparece entonces esa decrepitud que Íñigo hiperboliza, aunque desde la redacción poética sea —casi de manera categórica— concluyentemente real.

Esos “Autorretratos” son poemas de largo aliento, pausados, pero con una gran carga de profundidad pesimista y no alejados de aquella máxima que definió para siempre el pensamiento de Schopenhauer: “La vida es un péndulo que oscila entre el tedio y el sufrimiento”.

Y si el largo aliento es lo que informa los “Autorretratos”, es la fragmentación aforística o su tentativa lo que define la quinta y última parte de Nunca más adiós, cuyo contenido responde al epígrafe “Cuaderno póstumo”. Cuaderno póstumo es un truco, claro está, y sólo el poeta puede arrogarse semejante licencia. El poeta podrá morir en los textos, pero es el autor quien lo mata. La chistera aquí es el pensamiento; diríamos, sin riesgo a errar, el grado intelectual de la poesía, su tasa filosófica. Y el conejo (los conejos, más bien) son los breves poemas de tono absolutamente reflexivo. Una de las características que viene definiendo a la corriente postmodernista es su sentido fragmentario, de ahí la actualización del collage en el contexto artístico, o la composición pictórica a partir de fragmentos de materiales diversos (restos de cerámica, arena, cristales…). Esta fragmentación se ha trasladado a la literatura en forma de aforismo. Cabría decir que sólo el siglo XVII fue más prolífico en este campo que lo que lo ha sido el final del siglo XX y principios del XXI. Y es cierto, lo dijo François de la Rochefoucault: “Toda intuición aforística es fragmentaria”. Y es verdad; al fin y al cabo, el axioma, el proverbio, la máxima, la apotegma clásica no son sino pedazos de pensamiento, destilaciones transitorias de una epistemología personal que Íñigo nos entrega para acertar la propuesta de Wordsworth de que en todo buen poeta debe habitar un filósofo. No es, pues, Íñigo Linaje un poeta postmoderno. Lo que Íñigo Linaje ha trasladado a este libro es una propuesta fundada en aquella sublimidad que Charles Baudelaire nos proponía hace ya ciento cincuenta años: profundizar en la abulia cotidiana, en el tedio, en lo que en inglés él mismo denominó spleen, para que de esas cenizas del espíritu individual surgiera el soplo universal, el carácter ecuménico de la poesía, del arte, el hálito sublime de la palabra trascendental. Oscar Wilde llamó a esto mismo lo Absoluto. Quédense con lo que prefieran: ambos están contenidos en este libro.

LINAJE, ÍÑIGO
En Lisboa © Fotografía: Elena Larraz. 

 

 

El parador de Molina de Aragón: una engañifa.

MOLINA PUENTE VIEJO Y FONDOEl Parador de Molina y otras pequeñeces

Fernando Egido Baltanás

En el verano pasado saltó la noticia, extendiéndose con rapidez por nuestra amplia y deshabitada comarca: el Consejo de Ministros ¡sí, sí, el mismísimo Consejo de Ministros! había empleado algunos de sus muy preciados minutos (o tal vez fueran segundos, que para mentes tan poderosas el soltar unos milloncetes a la remanguillé les cuesta lo mismo que a los Reyes Magos lanzar unos caramelos; también son parecidos los efectos, conseguir que el público en general se pelee por atraparlos, sin tan siquiera mirar la marca) en tratar la cuestión de la construcción de un Parador Nacional en Molina de Aragón, para lo cual “nos habían dado” 20 millones de euros.

Pocos detalles más se sabían, salvo que definitivamente habían optado por la solución mini-maxi; es decir, parador mini con presupuesto maxi. Por si alguien cree que 20 “kilos” no es mucho dinero y para hacernos una primera idea de cuánto es, pensemos que no fuera un proyecto con dinero público y que lo tuviéramos que poner entre todos los habitantes de la comarca; en ese caso, nos tocaría aproximadamente a 4.000 euros por persona; o sea, a una familia de 5 personas le corresponderían casi 3 millones y medio de las añoradas pesetas.

Ya que, como se ve, es una cantidad apreciable y como es la guinda de una larga serie de despropósitos que se han venido dando en nuestra tierra (no sólo en ella, claro), debidos a una forma nefasta e interesada de hacer política, me arriesgo a hacer unas reflexiones a contracorriente.

  1. Nuestra comarca está llena de obras e instalaciones diversas con las que los políticos de turno nos han ido obsequiando a lo largo de los años. Cuando se acercan por estas tierras, que suele ser en las proximidades de las elecciones, nos recuerdan la cantidad de millones que “nos han dado” y ese es su mayor reclamo para pedir los votos. Pero no hablan de cuáles han sido los resultados de tales “donativos”; no suelen conocer lo que es la vergüenza; porque la realidad es que entre los regalos que nos han hecho los Reyes Magos y los de Papá Noel, han convertido esta zona en un museo de desastres.

Como la memoria débil abunda, recordaré algunos de ellos:

  1. i) Bien se puede empezar por uno que es emblemático, pues es difícil superar la mezcla de torpeza, incompetencia y desidia que se dio en ese caso, lo que unido a la facultad de disponer del dinero de otros con alegría e impunidad consiguió esa esencia del desatino que fue: el Polideportivo Municipal de Molina.

Si hasta ese momento había un campo de fútbol que servía, más o menos, para los usos deportivos de entonces, decidieron dar un toque capitalino y de futuro, concediendo un polideportivo, compuesto por frontón, campo de fútbol, pista de atletismo que lo circundaba y piscina.

El objetivo fue cumplido al 0%, pues:

  1. a) El frontón ¡oh, talentos anónimos y nunca debidamente reconocidos! se hizo orientado al sur; es decir, los jugadores recibían siempre el sol en la cara.
  2. b) El firme de la pista de atletismo se convirtió en una colección de socavones a los pocos meses.
  3. d) La piscina tenía filtraciones; se hicieron más gastos para solucionar el problema, pero nunca llegó a ponerse en funcionamiento. Hace 1 o 2 años fue tapada
  4. b) Mira por dónde, en el campo de fútbol ocurría justamente lo contrario, que no había forma de que estuviera seco: se hizo drenaje y debajo de él se puso una capa impermeable de escombros; cuando llovía, después de estar seco todo el pueblo, ese campo permanecía encharcado. También hubo que rehacerlo. Y no gratis, claro.

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  1. ii) Sin afán de detenerse mucho en ello, cito otros:

Centros culturales Santa María del Conde y de San Francisco, en Molina. Si lo esencial de un centro cultural de ese tipo es que debe oírse bien y disponer de una temperatura agradable, lo cierto es que el primero se oye mal, el segundo se oye pésimo y calentar cualquiera de los dos cuesta de riñón para arriba.

El famoso parque de la Picota, en Molina. No es preciso comentar.

El albergue al borde del Tajo, en Peralejos. A pesar de estar en un paraje de belleza extraordinaria, estaba condenado al fracaso desde antes de abrirlo y así ha sido. Ha estado cerrado casi siempre.

La Gerencia, de Checa. Algo parecido.

La Subalterna, de Molina. Lo mismo, pero con mayor inversión.

La factoría de biomasa, de Corduente. Vida efímera la que ha tenido. Y ahí ha quedado el pastel para embellecer el paisaje de una de las puertas de entrada al Parque Natural.

iii) Por supuesto, esos resultados catastróficos no han sido fruto de la mala suerte; milagroso habría sido que hubieran salido bien: lo que se prepara mal, es difícil que salga bien. Desconozco la documentación que ha acompañado a cada uno de los proyectos mencionados, pero bien se podría apostar que ninguno ha tenido un estudio previo riguroso. No sólo eso, sino que es posible que ni se han puesto a ello: pensemos en el frontón. Es decir: son torpes, pero además no ponen el menor interés; únicamente el necesario para embaucar al personal y sacarle los votos.

Y lo cierto es que lo consiguen; en ocasiones quien emboba al personal es Papá Noel y en otras son los Reyes Magos; la técnica es similar: “regalan” lo primero que tienen a mano; si el ciudadano querría un balón, puede que le regalen una bicicleta; cuando se percata de que la bicicleta no tiene ruedas y quiere reclamar, ve que el político está ya en otro cargo; regalando aeropuertos, por ejemplo. Además, que si te regalan algo, es de mala educación protestar porque tenga algún defectillo.

  1. Nos viene ahora el regalo del Parador. Desconozco si el proyecto del Parador viene acompañado de un estudio previo suficientemente

riguroso, fundamentalmente en lo económico, estudio que debería ser imprescindible antes de invertir 1 euro en cualquier plan como este.

Con los antecedentes mencionados, me temo que si hay estudio será una chapuza. Caso de que existiera, es lo primero que se debería haber hecho público y ampliamente divulgado, antes de las primeras piedras del PSOE o de las innovadoras palabras del sr. Soria, con su ingeniosa ocurrencia de “obras son amores…”; estos chicos siempre con sus cosillas.

¿Por qué esta insistencia mía en un estudio económico? Es obvio; si se fuera a hacer un parque, el objetivo fundamental sería el placer de los usuarios; pero el objetivo primero del Parador es económico: impulsar notablemente el desarrollo económico de la comarca. Si eso falla, todo lo demás sobra. Caso de no existir ese plan económico y de viabilidad, la única acción sensata es parar todo y elaborarlo, para evitar otro nuevo desastre, que sería de grandes proporciones en este caso.

¿Qué características económicas mínimas debe cumplir el Parador?

  1. a) Tiene que ser rentable, para ser duradero. Importantes los gastos de mantenimiento. ¿Cómo se podría medir esa rentabilidad? Podemos razonar como lo haría cualquier particular que tenga un dinerillo y se decida a montar un negocio: si meto en este asunto, tiene que ser con expectativas de ganar claramente más que en el Banco o en algún producto financiero seguro; asumir un riesgo y un esfuerzo tiene que ser en vías de mayores beneficios.

Pues bien, si ese inversor tuviera 20 millones de euros, habida cuenta de que con cantidades grandes se obtienen mayores tasas de beneficios, supongamos que obtuviera un 5% real de rentabilidad en inversión segura. Eso representaría una renta de 1 millón de euros al año; es decir, el equivalente a 40 sueldos de unos 2000 euros al mes. O sea, para considerar rentable el Parador debería crear bastante más de 40 puestos de trabajo. ¿Alguien puede pensar que con 22 habitaciones sea posible crear ese número de puestos? ¿Alguien cree que con 22 habitaciones se pueden sacar unos beneficios de más de 1 millón de euros por año? ¿Cuánto cuestan los gastos de mantenimiento de un parador de 20 millones?

El año pasado la entidad Paradores Nacionales (cuyos directivos, por cierto, vienen siendo gente bien relacionada con las esferas del poder), comentando sobre las pérdidas que tenían la mayoría de los Paradores, ponían como objetivo el superar el 50% de ocupación. Si en un gesto de optimismo suponemos que el de Molina fuera uno de los que lo superase, échense las cuentas de los ingresos que supondría tener 11 habitaciones ocupadas todos los días del año y qué rentabilidad significa. Ruina.

  1. b) Tiene que generar un número importante de puestos de trabajo y acorde con la inversión a realizar.

Un Parador, independientemente del número de habitaciones, tiene una plantilla mínima fija para el movimiento diario: 4 personas para recepción, 1 director, 1 maître. El número de camareros, personal de limpieza, mantenimiento y demás van en una cierta proporción con el tamaño.

Además de esos empleados, con 22 habitaciones habría 1 o 2 camareros y 1 o 2 personas de limpieza. En fechas muy concretas, serían necesarias más personas. Es un tamaño adecuado para una explotación familiar: poco trabajo en época baja y jornadas muy largas en la alta, soportadas cuando el negocio es de la familia. No hay hoteles de ese tamaño que sean rentables en régimen empresarial. Es decir, un Parador así daría trabajo a una familia amplia y algún empleado más.

Puestos indirectos: muy escasos; 22 habitaciones darían poco movimiento. Ahora, en Molina puede haber una oferta de unas 80 habitaciones. Y en la comarca, muchas más. 22 más, aun pensando que atraigan a un determinado tipo de turismo, no parece que supusieran gran estímulo.

Siendo esto así ¿Cuál sería el costo de cada puesto de trabajo creado?

  1. c) La inversión debe ser con precios de mercado.

Como diariamente aparecen noticias de corruptelas y amiguismo, adornadas con decenas o cientos de millones, tenemos tendencia a olvidar una virtud exigible a cualquier cargo público, fijándonos sólo en que debe ser honesto. Me refiero a la virtud de usar el dinero de los contribuyentes con la máxima racionalidad y eficiencia, sin el menor despilfarro. Es mucho peor ser ladrón que manirroto, pero los resultados vienen a ser los mismos: el dinero de los contribuyentes desaparece: nadie ha respondido de los aeropuertos inútiles, como nadie ha respondido de las deficiencias del polideportivo o de los centros culturales de Molina, por ejemplo.

Pues bien, según los expertos, el coste de una habitación de hotel de calidad alta viene a ser de 120.000 euros por habitación, todo incluido. Es decir, tomando como base ese dato, un hotel de 100 habitaciones costaría unos 12 millones de euros, incluidos comedores y demás servicios. ¿Qué barbaridades hay proyectadas que justifiquen invertir 20 millones? ¿Quién responde si no funcionan? Que nos lo cuenten.

  1. d) Tiene que cubrir campos de actividad económica que no estén cubiertos o impulsar y completar a otros en auge. En este sentido, las informaciones aparecidas en diferentes medios hablan de que el Parador sólo tendría 22 habitaciones, pero que nos quedemos tranquilos porque tendría varios restaurantes y salones para eventos, como congresos.

Esto plantea muchos interrogantes: ¿Congresos o eventos para gente de fuera? ¿Y dónde iban a dormir? ¿Serían congresillos de 22

participantes? ¿O nuestros gobernantes quieren ser pioneros en congresos con camas redondas, para optimizar espacios?

Como es muy probable que ninguna de esas preguntas tenga respuesta afirmativa, sólo se puede deducir que tendrían que ser eventos generados por la población de la comarca. Es decir, bodas y similares.

Pero, como todo el mundo sabe, ese sector está bastante bien atendido en nuestra comarca por la iniciativa privada, con sitios cubiertos y exteriores y con profesionales experimentados. Con toda seguridad, mejor oferta que cualquier comarca con este número de habitantes. Y un objetivo fundamental del Parador sería cargarse a esos empresarios, de los pocos con iniciativa por estas tierras. Y cargárselos a base de competencia desleal, pues un Parador funciona con dinero público y además se puede permitir tener pérdidas.

Conclusiones:

  1. El Parador proyectado, de 22 habitaciones es una empresa descabellada. Si el dinero fuera de los gobernantes que lo quieren poner en marcha, seguro que no se meterían en esa empresa. ¿Daría algún Banco el dinero para este negocio del pequeño Parador?

Es un ejemplo claro del más puro electoralismo: de Cospedal y compañía, que lo anuncia cuando faltan 3 meses para las elecciones, elecciones que, junto con las de otoño, muy posiblemente signifiquen cambios importantes; es decir, que es muy dudoso que el proyecto se llegue a hacer de verdad y muy posible que todo este cacareo sólo dé lugar a una segunda fase de movimiento de tierras. También electoralismo de Barreda y demás, porque tiempo tuvieron para hacer el de 60 habitaciones y no lo hicieron; ahora ponen el grito en el cielo, pero lo único que hicieron fue la primera fase de suave movimiento de tierras.

  1. Es descabellado porque:

– crearía muy pocos puestos de trabajo y cada puesto costaría mucho dinero.

– La rentabilidad es más que dudosa y eso comprometería seriamente la posible y necesaria continuidad de ese medio de desarrollo. ¡Y ya vale de proyectos frustrados!

Además, si a los pocos años se hunde, no pensemos que van a destinar otra cantidad de dinero así en muchos años. – Es incomprensible que para lo que se proyecta sea necesaria esa barbaridad de dinero.

– No es nada claro que vaya a estimular con fuerza nuevas vías de actividad en Molina y, sin embargo, es claro que va a destruir una de las más sólidas.

  1. ¿Y el de 60 habitaciones? Eso suena bastante mejor. Ventajas:
  2. a) Número de puestos de trabajo considerablemente mayor. No sólo los directos, que son evidentes, sino los indirectos, pues generaría un movimiento importante en Molina.
  3. b) Podría ser rentable, no sólo para una familia, sino como empresa. La plantilla fija de base, que he citado para 22 habitaciones, no se multiplica al aumentar el número de habitaciones. Podría ofrecer mejores servicios; por ejemplo, en un sitio pequeño es muy difícil tener un cocinero de nivel. Podría acoger un autobús.

¿Es económicamente imposible? En absoluto. Ya he citado algunas cifras: con 20 millones se podría construir el parador de 60 y de más habitaciones. Se lo demuestro a cualquiera. Por supuesto, con un proyecto racional; en particular, salones y comedores de tamaño en proporción con el número de habitaciones. 60 habitaciones suponen unas 100 personas alojadas, en congresos o en lo que sea ¿para qué se necesitan salones de 500?

¿Cómo se llega a situaciones así?

Si a alguien le timaran con el tocomocho dos veces, nos parecería digo de colgarle el cartel de tonto. Cuando eso se repite con frecuencia y los timados somos muchos, nos resignamos, como si fuera inevitable, como una tormenta o algo así ¿Es cuestión de que los del PP lo hacen mejor que los del PSOE o al revés? Que si la maqueta, que si la primera piedra, que si yo que si tú. Durante muchos años, demasiados, nos han entretenido con ese juego. Pero ya somos mayores y deberíamos saber que no se trata de elegir entre los Reyes Magos y Papá Noel, que actúan de forma parecida, que los juguetes nos los compraban los padres y que en la vida real los padres son los contribuyentes, o sea los ciudadanos. Ellos han conseguido convencernos de que “nos dan, nos conceden” paradores o carreteras, cuando lo que hacen es usar nuestro dinero sin ningún tipo de control.

Ya es hora de que busquemos otra forma de hacer política bien diferente, que pidamos cuentas. Que la democracia no es votar cada 4 años y que esos votos no les autorizan a disponer de todo sin responsabilidad alguna.

Muy cercanas están las elecciones municipales y autonómicas. El asunto del Parador es de gran importancia para la comarca; casi de supervivencia: que se retraten los candidatos y den opinión ¡clara y vinculante al respecto!

Clara: es decir, no con las palabras vacías de siempre, sino con números y planes técnicos

Vinculante, diciendo: si esto, como tantas otras cosas, no funciona o se tiene que cerrar y eso no se debe a imprevistos imposibles de detectar, que me busquen y me pidan responsabilidades por tirar el dinero de todos.

 

XI Encuentro peralejense de pintura y poesía

XI Encuentro peralejense de pintura y poesía

Peralejos de las Truchas (Guadalajara), 30 y 31 de mayo de 2015

 

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“Paso del moro”, en Peralejos de las Truchas.

 

 

 


Querida/o amiga/o:

     Te convoco al X Encuentro de Pintura y Poesía en Peralejos de las Truchas (Guadalajara), una cita para el debate y el relax que tiene como objetivo fundamental fomentar la convivencia y el intercambio de pareceres en un ambiente distendido. Las ediciones anteriores, con sus implicaciones estéticas en esas dos disciplinas creativas, abordaron asuntos como el paisaje, el mito, el espacio, realidad y realismo, su declive, el influjo de las nuevas tecnologías y la conciencia artística, el yo lírico, la escisión del yo y su multiplicidad. La propuesta temática para este año es: “La poesía en tiempos de crisis social”, que nos remite al papel de la poesía en la actual situación socioeconómica española, pero también a otros períodos de la historia literaria en los que los poetas debieron convivir con situaciones semejantes.

     El epígrafe, naturalmente, no es en absoluto restrictivo, de manera que, sobre poesía y pintura, también pueden opinar narradores, médicos, psiquiatras, sociólogos, cineastas…

      Si te animas a participar, te recuerdo que en plena Serranía de Molina de Aragón (en las estribaciones de los Montes Universales), a 180 kms. de Zaragoza (a 235 de Madrid, a 260 de Valencia, a 120 de Teruel, a 100 de Cuenca), se encuentra enclavado, junto al río, en pleno Parque Natural del Alto Tajo, Peralejos de las Truchas. El río, allí, hace frontera natural entre las provincias de Guadalajara —a la que Peralejos pertenece— y Cuenca. Es ahí donde nos reuniremos por undécimo año consecutivo con el propósito de estrechar nuestra amistad primero y, después, debatir, para pactar o diverger acerca de nuestras posturas estéticas rodeados de buen aire y regalados por un paisaje de singular hermosura.

     El compromiso es puramente personal; pero te cito con el ánimo de que estos Encuentros constituyan finalmente un punto de referencia fundamentalmente poético (y utilizo ahora el término en su sentido etimológico) con el que contar siempre para la expansión de nuestro mejor gusto.La única contribución que se solicita es la donación de un libro de poesía (un dibujo o una ilustración, si es posible, en el caso de los pintores) cada vez que acudas a los Encuentros con el fin de dotar a la biblioteca de Peralejos de un fondo bibliográfico que constituya una sección monográfica del género y un fondo artístico de futura exposición permanente. El Ayuntamiento, instado y animado por esta iniciativa, ya está rehabilitando un edificio con esas finalidades.

     Con objeto de organizar la logística y la intendencia, confírmame tu asistencia antes del día 30 de abril (advirtiéndome también si irías o no acompañado) en las direcciones o teléfonos que te señalo al pie. Además, y para poder ajustar las plazas de alojamiento, confirma tu reserva mediante transferencia de 20 € (30 % del importe correspondiente a dos días en pensión completa) a nombre de Purificación Jiménez Lorente en la cuenta 0182 4328 89 0200065857 (BBVA), indicando en el concepto día de entrada y de salida, nº de personas y tipo de alojamiento elegido (habitación o apartamento) antes del 30 de abril. Adviérteme también si irías o no acompañado.

Os espero

En este enlace puedes buscar la ruta desde tu punto de origen hasta Peralejos: http://www.guiarepsol.com/es_es/home/

Manuel Martínez Forega

forega@gmailcom

Teléfono: 656 86 62 19

 

 

PROGRAMA:

 

DÍA 30, SÁBADO:

9:00a 13:00: RECEPCIÓN

14:00: COMIDA

17:30: DEBATE

19:00: DESCANSO

19:30: DEBATE

21:00: CLAUSURA

22:00 CENA

 

DÍA 31, DOMINGO:

10:00: MAÑANA LIBRE. Suele organizarse, entre los participantes, excursiones en coche por libre o en grupos.

Cada cual elige la ruta y la compañía  que mejor le parece.

14:00: COMIDA Y REGRESO A CASA.  

TODAS LAS ACTIVIDADES (ALOJAMIENTO, COMIDAS Y DEBATE) TIENEN SU SEDE EN LA “PENSIÓN CASA PURA” DE PERALEJOS DE LAS TRUCHAS.

Para cualquier duda sobre la reserva puedes llamar al teléfono: 949 83 70 08 ó al 659 59 86 33

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El río Tajo corre paralelo al “Paso del Moro”

 

Los Borbones en pelota

CUBIERTA ALTA RESOLUCIÓN

Olifante. Ediciones de Poesía inaugura, con diseño visual de Ricardo Calero y Paulainblue, su nueva colección Olifante Ibérico con la publicación de Los Borbones en pelota, libro emblemático en la historiografía y el grafismo crítico del siglo XIX cuyo contenido ha ido haciéndose público con cuentagotas durante el siglo XX y ha estallado, aunque con modesta divulgación, en este siglo XXI. El conjunto de noventa y tres ilustraciones de contenido satírico y burlesco en torno a la Corte borbónica de Isabel II y sus gobiernos, recoge, al amparo del pseudónimo de SEM, la perspectiva censora de varios autores decimonónicos entre los que muy probablemente se encuentran los hermanos Bécquer (Valeriano y Gustavo Adolfo). La editorial Olifante quiere con esta publicación conmemorar asimismo el ciento cincuenta aniversario de la primera estancia de los Bécquer en el Monasterio de Veruela.

Con la coordinación editorial de Manuel Martínez Forega, se han reunido las firmas de noventa y tres escritores procedentes de toda la geografía peninsular para rendir así homenaje literario al legado becqueriano y al carácter fiscal de una buena parte de la opinión política del momento expresada a través de aquellos dibujos. Ésta es la singular característica de la edición y que la hace distinta a todas las aparecidas hasta hoy.

Junto a una introducción del profesor Jesús Rubio Jiménez, que analiza en profundidad el estado de la cuestión autoral, la edición de Olifante incluye un epílogo crítico ilustrado del reconocido becquerianista Agustín Porras y un postfacio de Luigi Maráez reivindicador de la figura de los Bécquer.

"Litiasis": algunas palabras ajenas

 

 

Me gusta Manuel M. Forega _ Litiasismucho ese tipo de prosa, Manuel, pero mira que la causa… Tiene lo suyo, eso es aprovecharlo todo. Te felicito de verdad. También la edición me encanta. Cada vez soy mas partidaria de los libros poco o nada ostentosos pero de agradable lectura. La verdad, Manuel, es sin duda coincidencia, pero he encontrado cosas parecidas a las que buscaba en Variables ocultas… esta expansión de la palabra al texto que de pronto se impone casi sin que uno tenga la conciencia, pero sí el impulso. Me he alegrado mucho.  ¡Fantástico y sigue!

(Clara Janés)

Lo mineral se transforma sensitivo para ser símbolo y signo, lenguaje desde el principio, “azul y sonoro”, y que a partir de un espacio corporal, el pensamiento recorre un dolor germinativo hasta alcanzar la abolición en torno a la causalidad y su búsqueda. Manuel M. Forega, elabora un poema exquisito, capaz de producir sentidos en su lectura, de tal manera que la imagen y su aprehensión efectiva es infinita.

Litiasis es una invitación a la materialidad  lingüística, y convoca en la conciencia un lugar nuevo que transmite una perceptiva razonada de la palabra, que lleva a la multiplicidad generadora de interpretaciones y estímulos, que provienen de una exigencia brillante cuyo reverso es el conocimiento.

Este cálculo escapa, trasciende, añade y significa, y como escribió Benedetto Croce, abre el camino a la verdadera individualidad de la expresión.

Una joya que no debe ser alterada.

 (José Antonio Conde)

Litiasis se nutre de un simbolismo consciente ordenado, como el color y la materia primigenia de la piedra. Pulsión interna que contiene una crítica velada al puro realismo. Las imágenes del libro parten de una visión interior, basada en la emoción, más que en la realidad del proceso doloroso, como se aprecia en la reflexión ensayística que cierra el libro. La antítesis o el guiño entre las espadas y el corazón son un alegato a la reflexión poética. La estructura circular de la obra tiene un final abierto, una epopeya vital (el autor dice “…vertido por fin en la crátera de besos para beber hasta apurarla”), cuyo análisis primordial radica en la búsqueda del nomen. Según el autor, nuestras emociones están más allá del lenguaje, y esto provoca y desencadena una angustia vital. La poesía trata de dar solución a los interrogantes.

 Los elementos naturales se combinan (textos aire, nubes, etéreo) se mezclan con el espacio-tiempo (textos de noche, nocturno, de luz) y se oponen (texto de contrarios). Al igual que el ritmo de un diapasón, los latidos de un corazón primero de piedra, y luego de Amor prendido, marcan un compás interno de símbolos inequívocos de un análisis lingüístico. El lenguaje como metáfora, como búsqueda de luz material y simbólica de la poesía, y por lo tanto, de la vida.

Cada texto presenta una sucesión de referencias escritas en una agonía polisémica, que se trasforma en una grato paseo por los sentidos.

Azul y sonoro, color del canto, es también siena, rojo, y rosa puro. De noche es azul cobalto, luna-hoja, los planetas del caos.  De contrarios implícitos (luz y sombra), fulgor y llama corporal. La barca de Caronte es la nave de la memoria. De aire que desdibuja el nombre de los nombres, espejo onírico, inmanente contingencia.  De nubes transparentes que se deshacen en lo efímero. Etéreo en el denso espacio infinito. Nocturno jardín de Prusia azul en el que una mano dibuja a ciegas dos cuerpos (Hermes y Afrodita). Material de piedra, plano de un verbo hecho carne, alquimia hecha ceniza, duermevela. De símbolos escritos en el éter, semilla de la transparencia. De luz visible en las trampas del verbo, sensualidad gramatical, anhelo, deseo. Amor prendido, néctar divino (“omnia vincit amor”). Nombres: espacio, tiempo, materia, fuego. El autor recoge “toda denominación es una tentativa de alcanzar el lenguaje”.

“La palabra es nuestra imagen en el espejo, el lenguaje ordena la vida, no habla, escucha y espera”.

(Laura Lahoz)

¡Ah, Praxíteles, bendita la piedra que te hizo esculpir esto!

(Alejandro Céspedes)

Litiasis es un libro de versificación, en prosa, breve, de intensiones simbólicas fascinantes. Recuerda el simbolismo de Paul Valéry. Parte de una escritura que parece surrealista, mas es consciente y sabia en los hallazgos de símbolos. Los títulos, encabezados por AZUL, DE NOCHE, etc, etc, son todos magníficos.
Los títulos NOMBRES y TAL MAYESTÁTICO HOMENAJE, me han producido la impresión de que se lanzan en la noche como cohetes y han explosionado como fuegos artificiales esplendentes. Enhorabuena.

(Rosendo Tello) 

Tu poema Litiasis prueba, una vez más, lo que es capaz de hacer la inteligencia poética con al experiencia; no otra cosa que trascenderla para escuchar lo que acaso la palabra tiene que nombrar: un más allá del dolor, del dolor del ser, y del ser del lenguaje.

(Mariano Castro)

Litiasis ha sido consecuencia de un intenso dolor físico. El resultado es un libro de escritura automática e impronta surreal que en su conjunto se articula como una ambiciosa propuesta poética.

(Xulio L. Valcárcel)

Platero "el negro"

juan ramon jimenez retratoSe cumple este año el centenario de la primera edición de Platero y yo, el célebre poema en prosa de Juan Ramón Jiménez. Mi amigo romano Antonio Sagredo, poeta excelente, me envió hace unos días un poema que quiere ser un homenaje al escritor onubense. Me pidió que lo tradujera y que lo diera a conocer. Así lo he hecho y espero no haber defraudado su confianza, pues hace ya muchos años que mi italiano es sólo memoria.

 

 

 

 

A PLATERO EL NEGRO

 

Ha cantado el gallo tres veces, pero has de fiarte de mí

si mis versos le han afilado la cresta con el cuchillo del mediodía;

y si la noche se ha vuelto blanca; Platero el negro ha rebuznado

su pena y junto a las piedras se ha dejado caer sobre el oscuro azabache.

 

Que sepas, Ramón, que tu palabra es sólo profecía de lo lejano,

pero, aun cansado, todavía susurro yo el madrigal de mi acomodo como lo hace

una fuente; la noria levanta en otros lugares las súplicas de Occidente por una cama

que su futuro pasado cambia por un sofá… ¡en la plaza agoniza la palma!

 

Abrazáis los huesos de mis antepasados para turbar sus voces de ultratumba

y que las cuencas del gélido tuétano parloteen de los siglos… borrachos bamboleando

cabeza y brazos pidiendo tregua o una siesta sobre el cálido patio

que el peludo anaranjado mezcla, perezoso, con un  verde lagarto.

 

Los juicios y las victorias desbordan con una marea de diatribas los muros orientales

de albayalde para grabar, antes que la memoria, las leyes de un orden nuevo

y engendrar la Furia, fuegos y luces en la barbarie, ¡pero en carrera

no soportan el ritmo frenético ni la fuga morisca de su propio canto!

 

                                                                                                                              Antonio Sagredo

José Verón Gormaz: "Sala de los espejos. (Epigramas, enigmas y otras contemplaciones"

 

 

Si no yerro everonritualn los datos, ésta es la cuarta entrega epigramática impresa de Pepe Verón. Bien es cierto que en la primera (Ceremonias dispersas,de 1990) sólo la segunda parte lo es; luego vendrían Epigramas del último naufragio,en 1998, Epigramas incompletos, en 2007 y, por fin, esta Sala de los espejos. Quiero significar con estas citas que la afición por la epigrafía le viene a José Verón de lejos; nada menos que de 1990, si no antes, porque me estoy refiriendo a años de publicación, no a fechas de escritura. Podríamos decir castizamente, Pepe, que de casta le viene al galgo, si aceptamos que esa casta (que no es ni mucho menos la que reitera creo que acertadamente “Podemos”) que esa casta ―digo― esté ligada a una hipótesis étnica, a una conciudadanía bilbilitana de la que procede quien todos estamos pensando, pero a la que también pertenece otro no menos incisivo conceptista nacido al lado: en Belmonte (desde hace ya unos años ―pienso que con buen criterio―) no de Calatayud, sino de Gracián, Belmonte de Gracián.

El hilo acentual satírico constituye un asunto que ha poblado la literatura de todos los tiempos desde las primeras inscripciones apologéticas y funerarias griegas hasta, por ejemplo, Mario Benedetti, pasando por Darío, Martí, Pound, etc. La forma de esta composición epigramática, cuya estructura estrófica hispana estaba compuesta de dos redondillas de rima independiente abba, ha sido profundamente modificada a lo largo del tiempo; en España, por Lope, Quevedo y Góngora fundamentalmente y ha roto todos sus límites para aplicarse a la polimetría rítmica. No puedo soslayar la alusión a ciertas formas y referirme a la habilidad maestra con que Verón maneja el aculeus, esto es, el aguijón convertido en paradoja o aparente contradicción y que distingue tan característicamente la morfología del epigrama. Semejante maestría la muestra también Verón en otro elemento cardinal del epigrama clásico. Jaime Uyá se refiere a él como el acumen; o sea, la agudeza o perspicacia de una palabra, verbo, sustantivo o adjetivo que se retuerce, amplía y da a luz al resto de los versos. No ha de perderse este tono acuménico porque sin él aquel aculeus, aquel aguijón se pierde en el vacío.

En el poema portical de Epigramas incompletos José Verón se declara deudor de Marcial y de Catulo (“…hay algo de Marcial en mis poemas, / y en él, / tal como en mí, / hay algo de Catulo, / y en los tres hay, sin duda, / un viento universal que nos inspira: / la humana condición y sus miserias. //); no podía ser de otra manera si nos atenemos a una lógica apresurada: de acuerdo: deudor del Catulo republicano, y del Marcial postaugusteo (por cierto, ambos comparten el cognomen Valerio, mientras que la serie nominal que jalona esta Sala veroniana es de cabal acento latino). Se declara deudor de los autores latinos, pero no cita otros posteriores tal vez porque el ánimo de Verón está verdaderamente más próximo a la asepsia moral de aquellos latinos que a la carga ética, moralizante, que manifiestan otros cultivadores barrocos o incluso posteriores; Verón está más atento quizá a que, en cierto modo, sus deslices líricos escudriñen entre el léxico no sólo para autoinmolarse en el ara de un yo expreso, como en el poema “Musa ausente”; no sólo para apelar a la rebelión social a través de ese plural mayestático de “Un mundo sin cadenas”; no sólo, en fin, para atestiguar la modestia que debe anidar en el carácter del escritor y de la escritura inteligente por medio de ese yo retórico y muy del gusto romántico que se manifiesta en “El último libro”, penúltimo poema de esta Sala especular. No sólo por estas razones, sino también para dotar a su lenguaje del barniz estético al que José Verón nunca puede escapar, como tampoco escapa en ninguno de los tres poemas que acabo de citar, impregnados, como el resto, de un excelente flujo rítmico. Probablemente por eso mismo trae hasta el colofón citacional a otro buen epigramista como es Ezra Pound inscribiendo estos versos hermosísimos: “Oh abanico de seda blanca / pálido como la escarcha en un tallo de hierba, / a ti también te dejan de lado. //”

En los treinta y cinco años que Marcial vivió en Roma conoció el reinado de ocho emperadores, desde Nerón a Trajano. Ocho maneras de entender la política del imperio y su repercusión en la sociedad romana. Y si sabemos mucho del carácter de esa sociedad imperial es gracias, precisamente, a los retratos y a las tipologías recogidas en los epigramas marcialescos, y, claro, también en los de Catulo, Léntulo o Getúlico. Y digo esto porque las comparaciones a veces no son tan odiosas; quiero decir que los epigramas veronianos también dan cuenta de ello y servirán para que futuros lectores sepan cuáles eran algunas de las entrañas sociales características de la España contemporánea. Para que, además, los estudios comparados adviertan de nuevo que los vicios y virtudes de las sociedades occidentales han cambiado muy poco aunque hayan pasado dos mil años y aunque discurran otros dos mil más. José Verón no ha necesitado salir de Bílbilis para conocer, igualmente, una dictadura, una monarquía y seis gobiernos constitucionales y constatar que sus efectos políticos no modificaron en casi nada los vicios y comportamientos de la sociedad española (más aún: otro vicio ha venido a añadirse a los existentes: la política) y que éstos en nada se diferencian de los de otras épocas. Lo prueban sus primeros libros epigramáticos (uno de ellos, de hace nada menos que veinticuatro años).

Lo que José Verón nos propone siguiendo modelos estéticos anteriores es, primero, constatar que los sigue, lo cual es asunto que atañe a la honda y veraz inteligencia, y, segundo, aguzar la vista y el oído; es decir: estar al loro de lo que pasa y de lo que no pasa; de lo que se dice y de lo que se omite a nuestro alrededor en las cosas públicas y sobre las cosas públicas. Estar al loro no significa únicamente enterarse de esas cosas; debe traducirse también como la capacidad para trasladárnoslas a todos aquellos que no las percibimos. Semejante actitud incumbe a un espíritu con capacidad notarial que, además, puede ―porque sabe― extraer lo justo y necesario con una finalidad artística. Pero si es inexcusable la mención de Marcial, no es menor en esta Sala de los espejos la presencia del ánimo crítico y de la penetración que Larra desarrolló en sus crónicas periodísticas respecto de los vicios españoles. Encuentro, también, una afición más de Verón en este libro; no otra que el gusto por calzarse el atavío perspectivista de aquel Diablo Cojuelo salido de la redoma y llevarnos de la mano, como si fuésemos el estudiante Cleofás Leandro Pérez Zambullo, hasta mostrarnos los tipos de la actual comedia humana: oportunistas, sinvergüenzas, hipócritas, avaros, políticos, degenerados, petulantes, soberbios, tramposos, busconas, indiferentes, insolidarios, corruptos, solapistas… en una España hundida en la crisis hasta las cejas.

No bastaría, por supuesto, la fe notarial del poeta para cifrar en realidades sintéticas muchos de los caracteres tipológicos asentados en su libro. Es fundamentalmente necesario el genio y la sabiduría para profundizar y encontrar el fondo miserable y oculto de las aparentes grandezas humanas, aspectos que tampoco han escapado a la hábil disposición de Verón y que nos entrega haciendo un alarde de concisión, vitalidad y buen humor sin renunciar a la gravedad. Si en un par de poemas, Verón muestra su lado admonitorio, no lo hace, repito, con ánimo moral, sino con la asepsia de un diagnóstico clínico. Así ocurre en “Mañana”, por citar sólo un ejemplo. En cualquier caso, lo que predomina invadido por un consciente temple crítico es el abordaje de toda una iconografía que atañe a casi todos los ámbitos de la vida social: prensa rosa, fútbol, política, economía, banca, literatura, sexo, mujer, moda, arte… en fin, todo lo que nos resulta familiar actualmente. Todo ello lo hace desfilar por la Sala de los espejos, título apropiadísimo y acertadísimo, puesto que ese recinto al que todos los niños nos gustaba acudir era una atracción de feria llena de espejos cóncavos y convexos dispuestos vertical y horizontalmente donde podíamos reírnos a carcajadas de nuestras deformidades transitorias. Eso nos salvaba: nuestra infancia y su transitoriedad. Estoy seguro de que con este epígrafe ha querido Pepe Verón adelantarnos ya en la portada el contenido interior. Lo que el poeta ha hecho es colocar a cada tipo frente a uno de esos espejos en una posición fija y ―ahora, sí― como el auténtico Diablo Cojuelo nos ha llevado hasta una mirilla para observarlos. Son adultos; no ríen porque esa aberración óptica ya no es sólo exterior y formal, sino también interior e inherente.

Vallé-Inclán admiraba la gravedad esperpéntica de ese efecto óptico aberrante como la gran metáfora visual de algunos de sus personajes y, como agriamente crítico que era, no le dolieron prendas al afirmar lo siguiente: “España es una deformación grotesca de la civilización europea”. Para no estar completamente de acuerdo con Valle, permitidme apropiarme solamente del primer sintagma y repetir que, hoy por hoy, “España es una deformación grotesca…” El segundo sintagma, el preposicional, me lo reservo para mí. En este libro de Verón encontraréis, creedme, no sólo buen humor y una sana ironía; también algunas de las graves causas de la afirmación valleinclanesca.

Julián Grau Santos

Julián Grau Santos (Huesca, 1937)De la cotidianidad al testimonio de índole periodística, los óleos del oscense Julián Grau Santos destacan, tanto en la recreación de la simbología personal de apreciación natural como en el trazo ilustrador, por su compleja sencillez plástica.

Epígono superdotado de la brillante escuela impresionista, es precisamente éste el carácter que primero y sustancialmente sobresale en su trabajo; su evidencia es tan elocuente que uno se da de bruces y se siente de súbito trasladado al recuerdo de las ilustraciones canonizadas en los manuales de arte, a aquellas imágenes que quedaron establecidas como proverbio, como axioma, en la retina tras el imperativo acercamiento a los libros, al análisis en ellos contenido acerca de una época del arte y de la historia artística europeos que ya casi habíamos olvidado.

Grau Santos manifiesta con determinante franqueza su adhesión a aquel revolucionario movimiento (uno de los más enfáticos y más agredidos) que fundó en la observación de los elementos interinfluyentes de la naturaleza la concepción de un modo nuevo de representarla. La luz sobre todo, y sobre todas las cosas, su reverberación atmosférica, el contagio mutuo de la frialdad, de la calidez y de la tibieza, la química del aire y el polvo noble del viento…, destacaban para hacerla un todo compendiador sin los perfiles delimitadores del realismo clásico. Esta acertada formulación de la observación de «Chesane» —mejor que «Sésann(e)»—, sólo venía a abrochar prendas de intuiciones anteriores, pero bastó para poner definitivamente las cosas en su sitio; en el sitio que nuestros ojos ahora rememoran ante la pintura apuntada y abocetada de Grau Santos.

Es cierto que deja sobre el lienzo el trazo lineal del dibujo, y lo hace, claro, adrede, como prueba —creo yo— de su fidelidad a los orígenes formales, al fundamento técnico, a la consciencia de una singularización estilística que lo distinga; pero también anida ahí un propósito de revelación de lo esencial junto —y a la vez— a la accidentalidad de los matices que a sí mismos se denuncian mediante el manejo de cromatías predominantemente grises sobre las que se elaboran todas las otras distinciones cromáticas.

Julián Grau Santos (Huesca, 1937)--Es ello prueba inteligente de la lealtad a aquel dominio (y predominio) del color sobre cualquier otro mandato formal y que adquiere en este pintor volúmenes y maneras magistrales. Reposa la mirada en los matices multicolores, en la grata proximidad de los elementos que su mirada ha captado y acotado, en el trato amable y armónico que mantiene con el entorno, en la exuberante superposición del color; pero un dejo de dramatismo o de paradójico extrañamiento (precisamente por la misma proximidad de los temas impresionados en nuestra conciencia de ciudadanos mediavidentes o medialectores), queda posado en la familiaridad informativa de otros contenidos tratados con —naturalmente— menos festividad, aunque no con menos sinceridad y, desde luego, revistiéndolos, en su desnuda ambientación, de determinante significado sin que sea para ello necesaria la hipérbole explosiva del espectro.

En otros momentos, toma Grau las maneras de una magnificación colorista hasta hacernos perder la perspectiva, acercándonos los tonos, las mezclas, en un efecto de vista cansada que determina una visión más próxima aún a las propuestas abstractas. Pero en todos los instantes de su pintura es subrayable el magisterio, la fidelidad y la honestidad (sustantivos tan ociosos en otras ocasiones) que se evocan aquí como franco reconocimiento a un trabajo artístico saludable, terapéuticamente desprejuzgado y con una mezcla de altivez (en las maneras) y de modestia (en los contenidos) que deja un halo de satisfacción en el espíritu, seguro de que en ninguno de los extremos —aun habiendo alcanzado Grau en ambos lo posible— se rinde ni se excede.

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